jueves, 22 de enero de 2015

Gonzalo Pontigo (1992)

Cual niño dibujante de sueños, arrojé la rutina dentro de un papel arrugado y comencé a palpitar todo lo que escondía de mí mismo. Detrás de una tímida piel de gallina se esconde una infinita tristeza, esperando cenar todos los restos de una desmoronada felicidad. Sin postre ni tiempo para el olvido, aún soy presa de esa carroña.

Recorriendo mis propios laberintos en una ciudad que no da tregua al amor y nos ofrece una sonrisa entre dientes de carne y humo. Espero, espero que la suerte doble en mi esquina y el karma salga de debajo de mis pies, para despertar a ese niño dormido que jugaba a la escondida con el destino.


Narices chorreantes de alegría

Creo que habían dado las 6 am y el chillido de las muelas del Bernardo me caló como estoque. Ya hace días que nuestras venas olían a meao de perro, pero no era un obstáculo para detener la contienda. La desesperación de volver nos consumía hasta la última gota de cordura; yo ya había olvidado cuan fácil era alejarme de su jardín. Ahí estaba, con el pálpito acuchillado, reposando mi existencia abandonada en el sofá, pensando en esos jardines de primavera de la casa en la playa, ahí donde mismo me la presentaron por primera vez, entre promesas deshidratadas y billetes malolientes.

De repente, entre las entrañas del entretecho, se coló un rayo de luz seco que le iluminó toda la cara al Bernardo. Sus pupilas retrataban el vacío y su tez no era más que un disfraz para sus músculos cristalinos. Noté que de sus labios se resbalaba un verso microscópico o quizás fue el viento susurrando chucherías. “Se nos va”, fue lo que logré distinguir entre las vocales que invadían el cuarto. De pronto, me encontraba solo y me acordé de mi infancia, de un poema que reposaba en el polvo, de los mismos que ya no escribía desde que perdí mi inocencia. Hablaba del amor que pendía entre los cables del viento, de un joven retratando colores en rostros donde reinaba el grisáceo, y de encontrar a su mitad entre vidas escondidas detrás de espejos, los cuales hoy trizan sus sueños, reflejando cada vez menos su respiración entubada.

Ahora el pasado pisotea como batería, y mi foso de alquitrán me engulle con sed. Sólo me queda este diario y el lápiz que me dejaste para volver a tenerte en mí. Tendré que escribir hasta que el amanecer estreche la mano con Dios, y por cesárea nazca otro día igual al de ayer, haciendo la fila para que alguien recoja mis huesos.


Dos segundos

Tic

La aguja vuelve a pinchar. El dolor no es más que la pared de huesos que soportan mi tumba. Me duele más el olor de la vida, el karma pedante que se nos queda en el bolsillo como una hilacha malgastada. La suerte se regaló en tu esquina esperando un pasajero que la enamore. 
¿Cuál sonrisa era la que abrigaba el corazón?

Tac

Entre una mueca fondeada detrás de sus labios prejuiciosos, se le volvió a transparentar una sonrisa triste. Esas son las que más le gustan a él, justo cuando el sudor de sus dedos cortopunzantes recorren la garganta de la huesuda presa.


Ofrenda

El tiempo es animal salvaje
y la madre extiende su abrazo raíz
para anidar por última vez la tierra que la vio llorar lunas;
las estrellas se hinchan con el eco de las hienas.

¡Ponme tierra y seré mar!

Silabando en lenguas de viento y fuego
claman la conquista del tiempo.

Dentro del surco del cielo se han marcado las venas
que a tajos se rajan para inundar la memoria.

Como perro ciego les regalo la mirada,
mientras logro oírlos arpegiando en sus tumbas obesas
los hilos que bordan el final del cuento.


Sin fondo

En un día donde el futuro
se mastica entre labios morados
sólo puedo pestañear y pensar en el ayer
recorriendo entre pestillos tu voz

cual grano de arena
que se resbala torpemente del reloj.

Caigo

me hundo entre pieles saladas y me sumerjo
maldiciendo como un dios sin cielo.

Despido las estrellas entre pupilas

me entro a lo que gatilla la pistola de un suicida.

Me voy,
pero sabiendo que le he robado
un gramo al tiempo.


Origami olvidado

Esta mañana hedionda de civilización, mientras sacaba a pasear al Rex en un acto de solidaridad esclavizante, me acordé que si no escribía me iba a doler la sien de tantas ideas que están adentro, y tratando de inspirarme en los pájaros, te imaginé libre, flotando entre las cuerdas del viento.

Siempre he guardado pequeños objetos. Pilchas, porque tengo miedo de perder mis recuerdos. Sin ellos sería como un perro sin su cola. Por eso te guardo muy dentro de mis objetos, que han pasado a enhebrar mi alma, a llenar mi vida,  el recuerdo de cuando se murió la abuela o de cuando me fui lleno de sueños a recorrer el norte. Todos esos fragmentos están repartidos por doquier como un lego, en espera de que alguien los vuelva a armar. Total somos todos niños con corazones de greda que a la menor grieta se rompen; y de tanto jugar a la escondida nos hemos escondido de nosotros mismos.

Quisiera poder guardarlos sin que el tiempo me los arrebatase, como cuando el viejo ve la foto de su vieja que sigue ahí, paradita, pariendo recuerdos que lo hacen embriagarse de júbilo, perdiéndose en tiempos sin segundos; o esa canción que le recuerda a Amanda una vida llena de sueños y amor junto al Manuel.

Por eso es que quizás escribo: para no olvidarme, para no perderlos a todos ustedes, para guardarlos muy dentro y poder sentir que aún siguen vivos entre tantos recuerdos de juegos sin fin. Vivan en mí como yo vivo en ustedes, hasta que volvamos a encontrarnos chapoteando en las nubes del universo.

martes, 20 de enero de 2015

Álex Bay (3ra selección)

Reseña biográfica + info y otros poemas aquí y aquí



Mientras

prendes tu televisor
para alentar
a tu Selección
hay gente que se prende
y muere,
porque la selección de personal
es la mejor táctica
para mantener a raya
los sueldos.

Llegarás a la gloria
con la pelota en la red,
al orgasmo genuino
o
a la diametralidad inversa
donde se cierran los ojos
y el silencio se mastica
como yerba amarga.
Pero después de la risa
y el llanto,
el televisor se queda sentado
poniendo en el último rincón
de la parrilla programática 
si es que se digna a mencionarlo 
la historia del último hombre de fuego
que se jugó el mundial
de la vida, y que hoy muere.

Terrible es, amigos, que el dolor
nos toque menos que un gol. 


Solecismos 

Cinco pétalos menos,
quién sabe en qué termine
el juego a la siguiente página.

Un afán por repeler
las cárceles
cuando nadie
instala grilletes.

Entonces para qué.
Para qué.

Para ponerle corriente
al mar,
que no suficiente
con la calma
necesita de una buena
tormenta;
quién sabe si hay
sobrevivientes
cuando salga
nuevamente el sol.

La certeza pende
de un hilo dental
usado. Encima de él,
hay un ciego
con la insulina disparada
esperando que termine
su defunción.

Abajo lo esperan
todos de luto
con el resto de pétalos
que aún no han muerto. 


Trapecistas de rieles

Hablan entre ellos
por todas direcciones,
mis historias
y otras no pertenecientes
se cruzan sin semáforos,
asustan a los transeuntes
desprevenidos
que en afán
por mantenerse
apuntando en el libro
suelen morir.

De la cabeza
tentáculos:
piedra
papel
o tijera
piedra
papel
o tijera.*

En un aquelarre
cuelgan sus máscaras
para trazar
sus nuevos encuentros
entre vías
construidas con hechizos.

Suena una alarma de reloj:
trim trim trim 
constante,
el estómago se aprieta,
despierto y sin anestesia
los focos
que alumbran un escenario macabro
que se esparce por las ciudades:

experiencias crudas
que fundan rituales
sin querer queriendo.

Mi vida un viaje constante
en trenes imaginarios
que sobrevuelan las nubes
todo el tiempo cruzando
soles y tempestades,
distintas estaciones
como emociones
buscando forjar
la itinerancia.

En los nudos de mis manos
tierra a cable
a barlovento
con una brújula
que da infinitas vueltas
a los puntos cardinales,
que se transforman en los ojos
de la muñeca de Porota.


 *Nota: Excluida varita mágica, espejo, big bang, entre otros.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Percy Fuentes (2da selección)

Reseña biográfica + info y otros poemas aquí.


Parlante de constru

Sonidos que caen como granizos
refrescando aquella hoguera de cemento.
Acordes que masajean las espaldas
de estos conscriptos atribulados por el sudor,
con carretillas como tanques,
con martillos que disparan chistes y alicates 
que destraban cada talla del amargor de sus jornadas.
Melodías que llegan como sumo a una resaca,
que aceleran la lentitud de estos esfuerzos
y le alivianan el peso de su tiempo
defraudado por la alarma, todas las mañanas.
Resonancias que traídas desde lejos,
viajando en transportes inimaginarios,
arriban para combatir ese bullicio de herramientas
que taladra para siempre algunos cerebros
de este genuino ejército de artesanos.


Control remoto

Lucha por llegar temprano a casa
sólo para caer a la cama 
como un saco de cemento. 

Enciende su compañera favorita 
y se hunde en su cerebro
entre luces y sonidos de falsos testamentos. 

Su cuerpo extasiado se deja absorber por las horas,
y se estimula apretando involuntario 
los botones misteriosos de procesos sin tiempo. 

Reemplaza cada unos de los hilos que atan su realidad
por el tejido hermoso que la pantalla muestra perfecto. 

Y así aguarda el pasar de las décadas, 
sin penas ni glorias, 
con su monitor en su lecho. 

Hasta que llega el momento de transar con el espejo 
y se empieza a dar cuenta que ya está envejeciendo. 

Desconfía de su gente, no visita a su familia 
y hasta se ha puesto un poco más violento. 

Se ha difuminado la sonrisa de su cara, 
le asomaron las ojeras 
y ya se encuentra medio tieso. 

Otra víctima innegable de esta caja de ilusiones, 
que se adentra en nuestras casas
como el más nocivo de los vientos. 


Tan sólo al separarla

Por cada colilla olvidada en el piso
algún grano ambicioso, soñando
con un fragmento de tierra. 

Por todas esas latas echadas 
sin recelo a la deriva,
infinidades de flores comestibles
cubriendo nuestras mesas de energía. 

Y en cada vaso desechado en nuestra fiesta,
un buen plantulín pequeño, 
danzándole a la vida. 

Es que mis basureros se imaginan con alas
con tal de verse aterrizar en pleno campo cultivable,
y rebalsados con cáscaras multicolores
vaciar con ímpetu en la espiral alimenticia
esos tácitos nutrientes necesarios
para un porvenir reestructurado. 


Marchando de nuevo

Un joven que busca
su verdad a través de un viaje,
decorando su permeable destino
en base a una travesía majestuosa,
incluyendo en toda su atmósfera
su reflejo inconcluso 
frente a la ciudad apurada. 

En su tardía noche libertina,
con un atlas bajo las plantillas,
decide transgredir las trabas infinitas
y, como adorando sus piernas con alas,
sale a buscar certezas por horizontes inquietos. 

Con sus aliados preferidos
entre kilómetros de ilusiones,
varado en instantes entrelazados
por el amor a su próxima parada,
menoscabando lo formal de las fronteras,
por amor al arte, por deporte, por placer.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Belén Fuentes (1987)


Dicen que el papel aguanta mucho, pero para mí, escribir es mi único lenguaje honesto. Conservo todas las cartas, todo lo que se escribió, todas las letras de todas las personas que he conocido en la vida; son mis tesoros.

Centaura, nacida en 1987 entre las patas de los caballos, pateando humanos, pateándome a mí misma. Tomé la leche del mundo y me envenené. Me transformé en malta con leche condensada, un yin-yang. Con el tiempo aprendí a diferenciar a Belén (cordura) de Azuleta (locura), y así le he creado nombre a mis formas. Soy un universo caótico de contradicciones, conceptos, complejidades, mentiras y verdades. Mala, buena, imperfecta, dispersa, infame, maldita y jodida. 

Escribo poesía desde la infancia, y en aquel tiempo la desconocía. En la adultez, me vi escribiéndole todo el sentimiento amargo a Mixy en sus ultimos días de vida. Hasta que llegó Valpo a mi nuevo ciclo, y descubrí que mis quiltros/as amados/as me han enseñado a crecer entre poemas. 

Soy la de los amores perros.


Sin anestesia

Abortaré al patriarcado
una y mil veces
hasta desangrarme, 
hasta la derrota.

Abortaré al catolicismo
y toda religión
aunque se me azote
con moral y prejuicio la espalda.

Abortaré tu nombre
porque no necesitas letras;
tú, eres.

Abortaré, los viejos y nuevos conceptos
para crear así un lenguaje
que nos ha sido prohibido.

Abortaré putas, rameras, maracas
hasta que la lengua hostigosa
aprehenda a llamarlas
mujer.

Abortaré mi amor,
prefiero soportar
la sangre menstrual
a seres llenos de odio.

Abortaré
conocimiento e ignorancia.
Quiero nacer en
tiempos aún sin suceder,
verme cubierta de pelos.

Quiero,
en cuatro patas,
lamiendo a mis críos,
ser
sin razón, sin nación, sin traición. 


Tecito con malicia 

Ningún poeta detendrá  
el cause de las aguas envenenadas.

Ni nosotras
con nuestras mareas rojas
asustaremos
a la cabría rabiosa.

Lo siniestro es
musgo en las yemas
del animal.


Terneros en el matadero

Natalicios sin teta, con la ubre artificial en la boca, sin derecho al llanto. Terneros degollados con la CH. Se los cenan en el senado, les degollan la inocencia. Ellos son los huachos. Con mocos colgando y lágrimas en los ojos, gritan: iSéname! iSéname!

Cortan y cortan cabezas
tiernas en el matadero.

Mientras su instinto animal protege
sus pelajes abandonados
y sus patas con fuerza,
reprimidos antes,
ahora furiosos, forjan una manada
alerta, siempre alerta.


Las verdades de la vulva de Venus
 
Cada cual tiene su precio y ya han pagado mucho por mí. He llegado a la decadencia de mis horas furtivas, de la sobreactuación de mis risas, de mis primeros orgasmos congojados. Soy la hetaira apuntada con el dedo. Puse el lomo a mi manera, sabiendo que la cruz me azotaría con saliva prejuiciosa. Y a los santos, ¿quién los azota? "Al santo no se le para", dicen. "Al cura no se le juzga", cuentan. "El pastor viola mis accesos y sigue siendo pastor", rumorean los creyentes. El sacerdote derrama leche en los inocentes, que todavía juegan a las escondidas, y ni la moral de Morfeo lo desvela, cuenta la leyenda.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Johanna Molina (1980)

Mi nombre es Johanna Molina, pero prefiero que me digan Juana, porque es la traducción del alemán; su significado etimológico es “la llena de gracia”.
Soy una soñadora inagotable, eterna buscadora de un compañero que me dé el aguante. Bicicletera de ciudad, crespa y sociable. Cualquier utopía es mi pasión. Mientras más difícil sea la meta, más ganas me dan de llegar a ella.
Me apasiona por sobre todo el movimiento en todas sus formas. No sueño con UN algo, si no con todos.

Dejé salir mi expresión poética gracias a un compañero de vida, siempre agradecida de ello, pues he conocido grandes escritores y personas debido a él. Me apasiona la escritura por lo fácil que me resulta transmitir a través de ella, por el juego que se puede hacer con las palabras, los tonos, la música, y porque finalmente todos los que escribimos tenemos varios grados de locura adentro.


Querer o no querer

¿Por qué no se puede manifestar que no se quiere?
¿Por qué no se puede simplemente no querer hacer algo?
¿Por qué es mal mirado no querer hacer algo?
Todos no hemos querido ir al colegio, o no querido ir al trabajo, o no querido hacer una clase o no querido trabajar de clown sin que te paguen, o no querido ir a una fiesta, o no querido ir a una protesta a manifestar que no se quiere, que no se quiere vivir así, que no se quiere este gobierno, que no se quiere esta mala educación, que no se quiere esta mala salud, que no se quiere esperar más.
Aun así hay que seguir con la excusa del dolor de cabeza, la menstruación, la infección, simplemente por no poder decir: no QUIERO culear con vo.



Llorar y cagar

Tanto lloré que mis lágrimas sirvieron para el desagüe del inodoro donde boté toda la mierda que había defecado pensando en ti.
Ya no quedan lágrimas ni mierda, al menos no para el mismo blanco.

En esta mira ya no estás tú, ha vuelto mi objetivo, el de siempre: las viejas y viejos asquerosos dueños de las AFPs que quieren robar mi 10%, y que han robado el 13% de muchos de este pedacito de mundo, que sin darse cuenta o con darse cuenta no son capaces de juntar un poquito de la mierda que botamos cada día por el inodoro y lanzárselas directamente a la cara.


Sol

Escondido tras las nubes me miras
ahí, creyéndote superior.
Me observas hacia abajo

siempre dejando que las nubes
te protejan.
Y si no, ¿qué?
Quemas mi mirada
y no me dejas conquistarte.


        ¿Qué sería de tu felicidad si no existieran aquellos para quien brillas?

 
Tienes miedo a que mi locura te apague
o que mi fuego te encienda más,
porque sabes perfectamente que eres brillante
y que una sola como yo
no te dejaría ocultarte tras las nubes.



Denuncia sin sentido

Señor carabinero, 
quisiera hacer una denuncia
o dejar constancia de un hecho.
Hoy no me tomé una piscola,
otro se la tomó por mí.
Hoy no asistí a mi clase.
Quisiera denunciar por daños y perjuicios

a la propiedad privada:
mi ser.
Me han robado mi tiempo,
me han robado y secuestrado,
he clamado por mi libertad
y se me ha insultado,
respondiendo a mis insultos
que han sido provocados
por reclamar mis derechos.

Denuncio que me han robado lágrimas
y un poco de la rabia que
destinaba a otra causa.

Denuncio a ese hombre por no comprender
que soy una igual y que yo
no tengo la culpa de su explotación.
¿Quién tiene la culpa?
¿Usted lo sabe, verdad?
Con esta denuncia…
¿usted puede buscarlo y apresarlo?
Firmo esta acta y pido libertad
para Pedro, Juana y Diego
que nada tienen que ver en el asunto.
Al final sólo quedó un vidrio roto
y un amante sin amar.



Punkymaní

Siento que no entiendo nada,
no entiendo el amarillo
ni el colorado.

No entiendo el nublado
ni el soleado
desolado
soldado.
Soldado creado
sin más escudo
que su caja de maní salado,
tostado y confitado,
sin más casco
que su antigua melena protectora
que lo cuida de no volverse del otro bando,
del bando de los tarados no porfiados.
Ese soldadito del maní
le da miedo a muchos niños,
a mí me da curiosidad.
¿Cómo se puede vivir tantos años siendo un punkymaní?
Con su carita de inca
sobrevive al sur de la ciudad,
cargando un sueño de metal en cada oreja
y sus bototos cada año se vuelven más y más pesados.

Pero no se rinde,
y aunque sé que el confitado no lo hace él,
me gusta imaginarlo en su cocina
armando los paquetitos del tostado
para después encontrarlo
en una amarilla o colorada
y escuchar su sonsonete tan particular
gritando desde adentro:
manisero soy
uso cadenas en mi cuerpo y bototos en mis pies
para decirle a usted
que me cago en tu armani
y en tu sueño de un ferrari
.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Carla Trenfo (2da selección)

Foto: Tamara Kramarenco
Reseña biográfica + info y otros poemas aquí.


Ni la cerveza te hace caso

Hoy dejé la taza de té.
Hoy dejé de ver el otoño como si no existiese el mar.
Hoy dejé de pensar en tu falsa revolución.
Hoy dejé de amar lo incomprensible.
Hoy me dejé. 


María Juana 

Amigas, de esas de otro lugar
de esas odiosas
de esas que pelean con el viento
de esas distintas que a veces destiñen
hasta dejar la moral moreteada.


Amigas, de esas con sueños
de esas que aman a otros.
Las que pierden la paciencia por la calma que a veces les concede la aguja y el hilo. Las que no se esconden cuando el reloj marca la hora de la nostalgia 


La fiesta de las pieles

Recojo tu mirada, callejera, excitada, buscando el abismo de mi abismo.

Eres uno de mis mejores recuerdos, eres mi mejor recuerdo hecho sudor. Somos las cenizas que guardamos para seguir asombrándonos al mediodía.

Tu ardor suprime mi machismo, como esa fogata callejera que nos reúne e invita a hacernos fuerte poesía. Nos burlamos en cada rincón de la casa de las heridas nocturnas, y así encontramos el sol de medianoche que nos hace gemir los deseos de libertad. 


A la contra 

Disculpe, señor micrero, no es contra usted. No es contra su sueldo ni mucho menos con su familia. Es contra ellos, que se gastan los 700 pesos y la vida de todos los pasajeros en comer bien, en beber de lo mejor. 

Disculpa, pero no es contra tu vagina. Es en contra de tu uniforme inverbe, somnoliento, vacío de sueños, con tanta violencia verdosa. No de esa que recorre montañas y llena de vida. Es ese verde nauseabundo, ese que se pudre. 

Disculpa, no es tu cuerpo. No es tu dulzura ni tu amargura. No es tu inteligencia ni tu torpeza. Es tu poca creencia, es tu miedo a la libertad. Eres como una historia horrible de contar. Es creer ser hombre libre cuando día tras día sacas un poco de brillo a los barrotes de tu jaula.

Disculpen, es contra nadie, soy yo la que me exilio de ustedes.


Para enamorarme

Cuando quise enamorarme me apuné, corrió un fuerte y cariñoso viento en las alturas mientras el mate de coca me ayudaba a no perder la conciencia.

Tuve que caminar hacia las cuevas, subir los cerros trenzándome el pelo, imaginándome que era una mujer de pelo blanco y vestidos de colores que jamás me he puesto. Cuando quise enamorarme tuve que subir el volcán y abrazar mi propio fuego.

Cuando quise enamorarme tuve que salir a la alameda a gritarle al Estado que mis sueños y mi gente no querían más que el neoliberalismo nos robara la vida.

Cuando quise enamorarme tuve que volver a tomar mis chalecos, mis cuadernos, mi lápiz e ir a conocer a los hombres y mujeres de llanada grande.” Ahí donde el diablo perdió el poncho”. Ahí, donde los montes silenciosamente, piedra por piedra, árbol por árbol, aguardaron tanto arrebato.

Cuando quise enamorarme tuve que sumergirme en el Lago Puelo. Tuve que revisar una por una las estrellas en la Isla de Ometepe, como una clandestina guerrillera sandinista. Tuve que emborracharme con los gringos que querían entender las mismas encrucijadas de las cuales yo quería enterarme.

Cuando quise enamorarme pensé en buscarte, pero ya era tarde. Tuve que expandirme como lo hace mi útero cada mes. Tuve que encontrarme. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Patricio Bascuñán Correa (1989)

Foto: Tamara Kramarenco

Bautizado con el mismo nombre de su Padre y abuelo, es el hijo primogénito de lo que a simple vista era una familia bien constituida: un progenitor que hacía de gerente en una transnacional; una Madre que conducía un auto grande; hijos bien portados en el colegio particular apostólico romano; una casa con piscina, Nana, perro y tortuga en un barrio privado precordillerano.

Siendo un niño le tocó emprender junto a su familia un viaje rumbo a Méjico. Su encuentro con una cultura diferente lo forzó a adaptarse en entornos extraños y a perder el miedo a la reinvención, lo que más tarde se traduciría en su amor al viaje.

Sin embargo, no fue hasta la juventud que Patricio pudo caminar libremente y conocer la calle de forma personal, abandonando por un rato el dibujo, la lectura y los juegos de estrategia, para entregarse al cien por cien a los nuevos placeres y sorpresas que ofrecía el mundo, fuera de los extramuros de la moral burguesa.

Actualmente se desempeña como diseñador gráfico independiente, es parte de la Editorial Anagénesis y hace clases en universidades y talleres.


Diálogo entre mamas

Mamma, de ti mamo
y no eres la única mama en este lecho.
Sin necesidad de nutrirme de tu luz blanquecina
al tacto de otros pechos descubro el tacto
y con seguridad digo ‘mama’
sin que seas tú, Mamma
ya que es otra quien me ofrece
la materia que recorro, palpo y amaso. 

                                        Un solo útero conocido
                                          y dos concavidades: 

               matriarca sin necesidad de ensuciarte,
               desde tu distancia dispones el orden de las cosas 

                                                                                    el almuerzo, la ducha, el abrigo
                                                                                    “Mijito, déjeme ver su herida”. 

              Dedos afilados apuntan desde ningún lugar
              clase magistral de lectura,
              “Elige bien, querido”.

                                                                                             Quiero esto, esta y lo otro
                                                                               naufrago en secreciones sin pudor
                                                                           total, un ancho punto fijo me espera. 

                                Sin embargo, tanta solidez a veces aburre

            y otro puntito
            más menudo
            que parece línea
            ofrece un abanico amplio 

            Idea, Categoría, Distinción 

                                                          se alterna con 

                                                                                   Cosa, Circunstancia, Ejecución. 


                                                                                       Nana, ya no te digo Mamma,
                                                                                              te abrazo en cada abrazo
                                                                                y te busco en el dolor y lamento
                                                                                  de este mundo desequilibrado.
                                                                                   Nana, por que te quiero anhelo
                                                       la muerte del dictamen, del verbo acaparado
                                                               y sueño con usted y Mamma comulgando
                                                 para que esto pueda leerse al derecho y al revés
                                                                         y no se distinga sentido ni jerarquía. 


El show de la video vigilancia
(y algunos consejos pa’ pasar piola) 

                                         A los veganos terroristas 

En donde la noche es tan sólo 
un telón que marca un cambio de escena
se anuncian omnipresentes los ojos del Gran Espectador
donde todo lo visible está cordialmente invitado
a la electrónica danza de la seguridad y vigilancia.
Actrices y actores exhalan su señal lumínica
estimulando la reacción binaria
(Víctima/victimario, Indiferencia/detención)
de quienes velan por la Coreografía
custodiando el show. 

Por eso les digo (más bien les advierto)
en donde se reduce a datos la humanidad
 y a categorías toda intención
el accionar virulento debe ser sigiloso: 

              I) Camine entre los muros-retícula con plena confianza
              no de pie a sospechas con un avanzar trémulo.
              Siga las instrucciones, usted tiene el camino trazado.
              No se olvide de sonreír bajo un jockey
              y mostrarse a los demás como un ejemplo a seguir. 

              II) Observe bien las vitrinas-pantalla
              ya que aparte de exhibir, vigilan.
              Pague todo en efectivo, evada el pasaje y dé las gracias. 

              III) Ojo con las amistades-coordenada.
              Recuerde que la atención pública 
              ya no recae en los reyes y sus palacios
              (a lo más en sus marionetas, bufones y lamebotas)
              sino que usted y su gente, por más vulgares que sean,
              son los protagonistas de este pésimo reality
              “pasando a ser perseguidos luego de ser ignorados”. 
              El Facebook anda puro sapiando. 

              IV) Considere cambiar su dispositivo-calvicie
              por un sofisticado dispositivo-peluca, ya que,
              además de ayudarlo a tirar pinta
              enviará señales cromáticas disuasorias
              que confundirán los sistemas de video-vigilancia. 

               V) La mochila-artefacto pasó de moda.
               Trague pólvora y préndase fuego por el poto.


Permanece el fuego

                                        A Emmanuel Curín 

Al evitarse la fricción en cada roce
la multitud no ofrece relieve,
menos aún guarida.
En el parejo y uniforme consenso
nos entumecimos sin trinchera ni foco,
nuestro ritmo vital se aletarga
y nos dejamos encandilar por siglos de luces,
reposando nuestra tranquilidad en armónica democracia. 

Sin embargo, de tanto en tanto,
bajo los pies de todo ser
tiemblan los cimientos
de su estabilidad y cordura.
Es el pulso de un centro magmático
que permanece implacable,
por más que haya sido deliberadamente cubierto
por capas de sedimento de civilizaciones
que optaron por un ambiente templado,
en vez del calor de un fuego insurrecto.

Sin temor a las consecuencias, un niño riega el suelo de un barrio apacible con el combustible que permitirá florecer una llamarada. Prende la mecha y se camufla en su calma; camina derecho y no vuelve la mirada. Ya en un lugar tranquilo se divierte imaginando: la circulación incesante por fin atorada, el rostro estupefacto de quienes creen tener la pasividad adquirida.
El niño se ríe en sus adentros y nota cómo sus graves carcajadas se funden dentro de sí con el sonido del espeso fluir del magma y su borboteo permanente.