viernes, 19 de diciembre de 2014

Belén Fuentes (1987)


Dicen que el papel aguanta mucho, pero para mí, escribir es mi único lenguaje honesto. Conservo todas las cartas, todo lo que se escribió, todas las letras de todas las personas que he conocido en la vida; son mis tesoros.

Centaura, nacida en 1987 entre las patas de los caballos, pateando humanos, pateándome a mí misma. Tomé la leche del mundo y me envenené. Me transformé en malta con leche condensada, un yin-yang. Con el tiempo aprendí a diferenciar a Belén (cordura) de Azuleta (locura), y así le he creado nombre a mis formas. Soy un universo caótico de contradicciones, conceptos, complejidades, mentiras y verdades. Mala, buena, imperfecta, dispersa, infame, maldita y jodida. 

Escribo poesía desde la infancia, y en aquel tiempo la desconocía. En la adultez, me vi escribiéndole todo el sentimiento amargo a Mixy en sus ultimos días de vida. Hasta que llegó Valpo a mi nuevo ciclo, y descubrí que mis quiltros/as amados/as me han enseñado a crecer entre poemas. 

Soy la de los amores perros.


Sin anestesia

Abortaré al patriarcado
una y mil veces
hasta desangrarme, 
hasta la derrota.

Abortaré al catolicismo
y toda religión
aunque se me azote
con moral y prejuicio la espalda.

Abortaré tu nombre
porque no necesitas letras;
tú, eres.

Abortaré, los viejos y nuevos conceptos
para crear así un lenguaje
que nos ha sido prohibido.

Abortaré putas, rameras, maracas
hasta que la lengua hostigosa
aprehenda a llamarlas
mujer.

Abortaré mi amor,
prefiero soportar
la sangre menstrual
a seres llenos de odio.

Abortaré
conocimiento e ignorancia.
Quiero nacer en
tiempos aún sin suceder,
verme cubierta de pelos.

Quiero,
en cuatro patas,
lamiendo a mis críos,
ser
sin razón, sin nación, sin traición. 


Tecito con malicia 

Ningún poeta detendrá  
el cause de las aguas envenenadas.

Ni nosotras
con nuestras mareas rojas
asustaremos
a la cabría rabiosa.

Lo siniestro es
musgo en las yemas
del animal.


Terneros en el matadero

Natalicios sin teta, con la ubre artificial en la boca, sin derecho al llanto. Terneros degollados con la CH. Se los cenan en el senado, les degollan la inocencia. Ellos son los huachos. Con mocos colgando y lágrimas en los ojos, gritan: iSéname! iSéname!

Cortan y cortan cabezas
tiernas en el matadero.

Mientras su instinto animal protege
sus pelajes abandonados
y sus patas con fuerza,
reprimidos antes,
ahora furiosos, forjan una manada
alerta, siempre alerta.


Las verdades de la vulva de Venus
 
Cada cual tiene su precio y ya han pagado mucho por mí. He llegado a la decadencia de mis horas furtivas, de la sobreactuación de mis risas, de mis primeros orgasmos congojados. Soy la hetaira apuntada con el dedo. Puse el lomo a mi manera, sabiendo que la cruz me azotaría con saliva prejuiciosa. Y a los santos, ¿quién los azota? "Al santo no se le para", dicen. "Al cura no se le juzga", cuentan. "El pastor viola mis accesos y sigue siendo pastor", rumorean los creyentes. El sacerdote derrama leche en los inocentes, que todavía juegan a las escondidas, y ni la moral de Morfeo lo desvela, cuenta la leyenda.

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