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| Foto: Tamara Kramarenco |
Bautizado con el mismo nombre de su Padre y abuelo, es el
hijo primogénito de lo que a simple vista era una familia bien constituida: un
progenitor que hacía de gerente en una transnacional; una Madre que conducía un
auto grande; hijos bien portados en el colegio particular apostólico romano;
una casa con piscina, Nana, perro y tortuga en un barrio privado
precordillerano.
Siendo un niño le tocó emprender junto a su familia un viaje rumbo a Méjico. Su encuentro con una cultura diferente lo forzó a adaptarse en entornos extraños y a perder el miedo a la reinvención, lo que más tarde se traduciría en su amor al viaje.
Sin embargo, no fue hasta la juventud que Patricio pudo caminar libremente y conocer la calle de forma personal, abandonando por un rato el dibujo, la lectura y los juegos de estrategia, para entregarse al cien por cien a los nuevos placeres y sorpresas que ofrecía el mundo, fuera de los extramuros de la moral burguesa.
Actualmente se desempeña como diseñador gráfico independiente, es parte de la Editorial Anagénesis y hace clases en universidades y talleres.
Diálogo entre mamas
Mamma, de ti mamo
y no eres la única mama en este lecho.
Sin necesidad de nutrirme de tu luz blanquecina
al tacto de otros pechos descubro el tacto
y con seguridad digo ‘mama’
sin que seas tú, Mamma
ya que es otra quien me ofrece
la materia que recorro, palpo y amaso.
Un solo útero conocido
y dos concavidades:
matriarca sin necesidad de ensuciarte,
desde tu distancia dispones el orden de las cosas
el almuerzo, la ducha, el abrigo
“Mijito, déjeme ver su herida”.
Dedos afilados apuntan desde ningún lugar
clase magistral de lectura,
“Elige bien, querido”.
Quiero esto, esta y lo otro
naufrago en secreciones sin pudor
total, un ancho punto fijo me espera.
Sin embargo, tanta solidez a veces aburre
y otro puntito
más menudo
que parece línea
ofrece un abanico amplio
Idea, Categoría, Distinción
se alterna con
Cosa, Circunstancia, Ejecución.
Nana, ya no te digo Mamma,
te abrazo en cada abrazo
y te busco en el dolor y lamento
de este mundo desequilibrado.
Nana, por que te quiero anhelo
la muerte del dictamen, del verbo acaparado
y sueño con usted y Mamma comulgando
para que esto pueda leerse al derecho y al revés
y no se distinga sentido ni jerarquía.
El show de la video vigilancia
(y algunos consejos pa’ pasar piola)
A los veganos terroristas
En donde la noche es tan sólo
un telón que marca un cambio de escena
se anuncian omnipresentes los ojos del Gran Espectador
donde todo lo visible está cordialmente invitado
a la electrónica danza de la seguridad y vigilancia.
Actrices y actores exhalan su señal lumínica
estimulando la reacción binaria
(Víctima/victimario, Indiferencia/detención)
de quienes velan por la Coreografía
custodiando el show.
Por eso les digo (más bien les advierto)
en donde se reduce a datos la humanidad
y a categorías toda intención
el accionar virulento debe ser sigiloso:
I) Camine entre los muros-retícula con plena confianza
no de pie a sospechas con un avanzar trémulo.
Siga las instrucciones, usted tiene el camino trazado.
No se olvide de sonreír bajo un jockey
y mostrarse a los demás como un ejemplo a seguir.
II) Observe bien las vitrinas-pantalla
ya que aparte de exhibir, vigilan.
Pague todo en efectivo, evada el pasaje y dé las gracias.
III) Ojo con las amistades-coordenada.
Recuerde que la atención pública
ya no recae en los reyes y sus palacios
(a lo más en sus marionetas, bufones y lamebotas)
sino que usted y su gente, por más vulgares que sean,
son los protagonistas de este pésimo reality
“pasando a ser perseguidos luego de ser ignorados”.
El Facebook anda puro sapiando.
IV) Considere cambiar su dispositivo-calvicie
por un sofisticado dispositivo-peluca, ya que,
además de ayudarlo a tirar pinta
enviará señales cromáticas disuasorias
que confundirán los sistemas de video-vigilancia.
V) La mochila-artefacto pasó de moda.
Trague pólvora y préndase fuego por el poto.
Permanece el fuego
A Emmanuel Curín
Al evitarse la fricción en cada roce
la multitud no ofrece relieve,
menos aún guarida.
En el parejo y uniforme consenso
nos entumecimos sin trinchera ni foco,
nuestro ritmo vital se aletarga
y nos dejamos encandilar por siglos de luces,
reposando nuestra tranquilidad en armónica democracia.
Sin embargo, de tanto en tanto,
bajo los pies de todo ser
tiemblan los cimientos
de su estabilidad y cordura.
Es el pulso de un centro magmático
que permanece implacable,
por más que haya sido deliberadamente cubierto
por capas de sedimento de civilizaciones
que optaron por un ambiente templado,
en vez del calor de un fuego insurrecto.
Sin temor a las consecuencias, un niño riega el suelo de un barrio apacible con el combustible que permitirá florecer una llamarada. Prende la mecha y se camufla en su calma; camina derecho y no vuelve la mirada. Ya en un lugar tranquilo se divierte imaginando: la circulación incesante por fin atorada, el rostro estupefacto de quienes creen tener la pasividad adquirida.
El niño se ríe en sus adentros y nota cómo sus graves carcajadas se funden dentro de sí con el sonido del espeso fluir del magma y su borboteo permanente.

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