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Parlante de constru
Sonidos que caen como granizos
refrescando aquella hoguera de cemento.
Acordes que masajean las espaldas
de estos conscriptos atribulados por el sudor,
con carretillas como tanques,
con martillos que disparan chistes y alicates
que destraban cada talla del amargor de sus jornadas.
Melodías que llegan como sumo a una resaca,
que aceleran la lentitud de estos esfuerzos
y le alivianan el peso de su tiempo
defraudado por la alarma, todas las mañanas.
Resonancias que traídas desde lejos,
viajando en transportes inimaginarios,
arriban para combatir ese bullicio de herramientas
que taladra para siempre algunos cerebros
de este genuino ejército de artesanos.
Control remoto
Lucha por llegar temprano a casa
sólo para caer a la cama
como un saco de cemento.
Enciende su compañera favorita
y se hunde en su cerebro
entre luces y sonidos de falsos testamentos.
Su
cuerpo extasiado se deja absorber por las horas,
y se estimula
apretando involuntario
los botones misteriosos de procesos sin tiempo.
Reemplaza cada unos de los hilos que atan su realidad
por el tejido hermoso que la pantalla muestra perfecto.
Y así aguarda el pasar de las décadas,
sin penas ni glorias,
con su monitor en su lecho.
Hasta que llega el momento de transar con el espejo
y se empieza a dar cuenta que ya está envejeciendo.
Desconfía de su gente, no visita a su familia
y hasta se ha puesto un poco más violento.
Se ha difuminado la sonrisa de su cara,
le asomaron las ojeras
y ya se encuentra medio tieso.
Otra víctima innegable de esta caja de ilusiones,
que se adentra en nuestras casas
como el más nocivo de los vientos.
Tan sólo al separarla
Por cada colilla olvidada en el piso
algún grano ambicioso, soñando
con un fragmento de tierra.
Por todas esas latas echadas
sin recelo a la deriva,
infinidades de flores comestibles
cubriendo nuestras mesas de energía.
Y en cada vaso desechado en nuestra fiesta,
un buen plantulín pequeño,
danzándole a la vida.
Es que mis basureros se imaginan con alas
con tal de verse aterrizar en pleno campo cultivable,
y rebalsados con cáscaras multicolores
vaciar con ímpetu en la espiral alimenticia
esos tácitos nutrientes necesarios
para un porvenir reestructurado.
Marchando de nuevo
Un joven que busca
su verdad a través de un viaje,
decorando su permeable destino
en base a una travesía majestuosa,
incluyendo en toda su atmósfera
su reflejo inconcluso
frente a la ciudad apurada.
En su tardía noche libertina,
con un atlas bajo las plantillas,
decide transgredir las trabas infinitas
y, como adorando sus piernas con alas,
sale a buscar certezas por horizontes inquietos.
Con sus aliados preferidos
entre kilómetros de ilusiones,
varado en instantes entrelazados
por el amor a su próxima parada,
menoscabando lo formal de las fronteras,
por amor al arte, por deporte, por placer.

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