Conglomero en la garganta voces contradictorias, un tanto disonantes,
y termino siendo un fragmento perenne que jamás logra encajar en el
discurso oficial.
Nací en la periferia pero ya ni ahí me siento
en casa, y termino deambulando por las calles desconocidas y temibles.
Suelo desparramarme por el agobio de ver tanto y tanto deseando tan
poco…
Opto por quedarme en los rincones, en esos instantes que
se nos pasan fugaces, pero que tienen ecos firmes y constantes; aunque
nunca bellos.
Citadina
Caminando por las calles de Santiago mis pensamientos se igualan al
ritmo de sus pasos. Andan apresurados y locos, sin un fin claro, aunque
siempre compitiendo.
Trato de cruzar con rojo, fumar donde no
se debe, quitarle el asiento a la embarazada, comerme una sopaipilla
frente al “Salvador”, escribir en los estados de Face sobre mi
conciencia social, mientras me masturbo sin pensar en los asesinatos que
se cometen. Juro que trato, pero al final del día me siento tan
agotada que desfallezco.
Parloteo de revueltas y
posicionamientos justo antes de engrupirme a una funcionaria pública
sobre mi ingenuidad y falta de oportunidades. Compro el diario para ver
el horóscopo y paso por alto la farándula demagógica de la
politiquitería actual y pasada.
Me vuelvo oportunista de las
grietas sistémicas: robo en el súper, en las oficinas burócratas, en
las iglesias, y en la cama putrefacta del chico de turno no me limpio
nuestros fluidos para que fluuuuyan.
Me lamo la sangre que sale
de mis dedos cada vez que me los muerdo con rabia; también esa que
los impregna en la masturba de vampira hambrienta cada luna llena.
Me
hago la cartucha y me la sé por libro, me hago la dolida y me río por
dentro. Camino rápido, tan rápido como los pasos de Santiago, casi
corriendo para no quedarme bajo la micro; para no ser la huasademierda
que no sabe nada de tecnología, que confunde a los autores y suele
pensar que no sabe nada.
Me creo la dura, y tú me sientes la
ingenua intelectual en quien se puede confiar, mientras afilo el puñal
que te penetrará más tarde, cuando me digas que debo aguantarlo todo
pues la vida es así: LARGA y DURA. Pero más duro es mi puño que te
penetrará de frente y sin titubeo, porque llevo una vida guardando rabia
entre estas callejuelas que parecen mujerzuelas grises y rancias.
Porque estoy cansada de maquillarme de chica buena por las mañanas y
terminar alcoholizada gritando blasfemias ordinarias al alba.
Soy fea, ácida y maligna, no por genética sino por decisión, por convicción y un poco de inadaptación.
Soy santiaguina de tomo y lomo: perra, muy perra, pero compuestita.
Puta
Sí, puta, bien puta.
No putita ni putifrunsi, te digo puta.
¡Yo, la más puta de todas!
Te hablo a ti, cojonudo descerebrado.
Soy puta cuando me levanto en las mañanas
y te miro displicentemente,
cagándome en tu orgullo de altanero mayor.
Soy puta cuando me cojo tu machismo cabrío
con mis sarcasmos venenosos y mis gestos afilados.
Soy puta cuando mis palabras te violan el cerebro y
lloras a través de tus gritos grotesco-arcaicos.
Soy puta cuando al no lograr comprenderte
me río de tus palabrotas maracas y
tus movimientos desquiciados.
¡Soy puta porque no quiero ser tuya sino mía, completamente mía!
Soy
puta porque no me interesa ser la señorita que se sienta en tus
piernas, diciéndote cositas dulces para que te creas poderoso y luego me
mandes a la cocina a freírte el bistec.
Soy puta y (re)puta
cuando los domingos me siento en la cabecera de la mesa, mientras me
miras con envidia por arrebatarte el lugar del don muy muy.
Me
siento puta en cada polvo de borrachera, pero prefiero sentirme puta a
ser una damita amargada que cruza las piernas de vez en cuando para
sentir un poco de placer, mientras el don muy muy eyacula mirando a las
chiquillas del Morandé.
Me encanta sentirme punta cuando un querido me aprieta el culo
y me mira deseando aprobación para poder seguir
(porque yo decido hasta dónde llegar)
¡Eso es! Te molesta que decida, hable y ría.
Te angustia que no te siga en la fila y, por el contrario,
vomite carcajadas sintiéndome feliz de ser más loca que una cabra.
No toleras que me acomode ser una puta
y que me junte con otras putas.
¡Nos odias!
Soy puta y no por cobrar sus luquitas, sino porque cuesto caro.
así que no me grites, mira que tengo las palabras ácidas
y el puño fuerte como una puta vieja y rabiosa.
Penélope
Tras tanto teje que no teje,
mate de llanto inolvidable,
sexo borrado por el
blackout findesemanesco.
Luego de maldecir
al alto cielo,
de
espantar a cuanto pajarón se me asomó
y semanas de pelo creciente.
Después de difamarte
entre copas rancias
y un arco iris de cables pelados.
Justito
en ese instante
te montaste en mis mantas maltrechas
para matar el tiempo
con los pies entrelazados.
Ja…
Aquí
te tengo,
tiritando y gritando tonteras
fastidiosas.
Aquí te tengo,
tartamudeando traiciones inexplicables.
Aquí
te tengo,
destrozando tu orgullo varonilmente seco.
Te miro
los ojitos con pestañasdecamello
y
caigo al abismo.
Te toco los caminos de la espalda
y me topo con el vacío.
Se erecta tu montaña inmaculada
y mi pantano nocturno se transforma en desierto.
Al parecer
sin darme cuenta
terminé
de tejer el poncho
y este frío bendito
me obligó a cobijar el
alma.
Al parecer
sin
darme cuenta
aprendí a ser Medea Maldita
y no tu Penélope Tejedora.

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