La penumbra
Dara dadá
dara dadá
dadá, da darara
Luis Alberto Spinetta
I
No voy a hablar de la penumbra:
maleficio nombrador de tierras.
Regalo sumiso a pijos de huta.
Como
en esas tierras extrañas
(heladas como el tifus),
donde una nación de patas
corría como niños
siendo uno
con la tierra.
Donde no existía nombre
ni hombre diferenciado.
Hasta que el blanco
–hijo de la Europa–
le quitó los suelos
y cortó sus pies.
II
Tengo frío en la penumbra:
la montaña de sal cayó sobre la herida.
El brebaje de pólvora enfrentó
nombre contra nombre
(hermano contra hermano).
III
Un amigo de la universidad me dijo
que el fútbol había salvado a los sudafricanos
del yugo albino-burgués
(hombre contra nombre),
pero la pólvora sigue derramando
sal en sus heridas.
El hombre no es libre.
La mujer no es libre.
La Penumbra pervierte sus liendres
sobre sus pies raídos*.
IV
y tengo sed en la penumbra.
*Dirigido a los alumbrados por la patria.
Arbolero de limón en las orejas rojas
cuando
en el horizonte no hay una movida probable
que me aleje del deseo de probar el saborcito
amargo denso y metálico
propio de la noche
de un baile escondido
las noches de borracho
cuando no hay nada
y no tengo nada
ni sé
si me acuerdo / si tengo / o si me falta
una búsqueda
más
concreta
o me basta
con un bochinche
por las calles
rotas.
*
Me lamento por no encontrar mayor amparo
que el de la Virgen del San Cristóbal observando mi regreso
por las calles sucias
por el paso del día.
Y me siento como el hijo en su regazo.
*
Me rasco las bolas con el roce
que produce
el baile de regreso en la embriaguez.
Gracias,
Cerveza,
por el deseo que sublimas.
Ese placer
parecido a un accidente de: a) ceniceros
b) garbanzos
c) ausencia.
Me nombraste
—Hijo.
Pero en tu boca no existe La palabra.
Comenzaste a rezarle
a una estrella insular,
pero yo soy tu Dios desconocido.
Me llaman cumbre de tus Poemas gliales.
Zarzamora que crece
entre las piernas.
Soy la vida que interrumpe la materia,
y la destruye.
Soy un loop interminable
de la imagen de Antillanca*.
Le rezas a una estrella insular,
pero yo soy tu Dios desconocido.
Soy
tu firmamento de tiempo
y carne.
Y tú,
eres mi carretera perdida
donde día a día
lanzan perros
a la grieta.
*El lector puede preferir una Becker, una Escudo o un vinacho, según sea su gusto y decadencia. El hablante lírico prefirió no hacerse responsable.
Avenida San Juan
Todavía existen los campos de trigo
en el aire que entra por la ventana de la micro,
y esa casa desnuda con los grafitis
sobre el prado desconocido.
Las lagartijas del Sauce aún salen a saludar
al paradero infinito.
Frente a Santa Teresa,
la mansión se desmorona al ritmo de sus habitantes.
Ahora que la plusvalía se encuentra
en los consumidores de condominios,
la mansión ha perdido
el brillo.
Chao Machalí colonial,
ándate a la cresta.
Aquí venimos nosotros,
los New Rich
a acabar con tu pobreza.
Así lo logró Castellani & Alessandri.
constructores del sueño de Chile:
MACHALÍ, 5TA CIUDAD CON MEJOR
CALIDAD DE VIDA PARA LA FAMILIA,
SEGÚN LA ICVU 2014.
Pero Santa Teresa
se mantiene inmune
al desarrollo.
La balanza
nos tira para abajo
en las cifras.
Y aún
nos mojamos
cuando las acequias
se desbordan.
Los condominios crecen como callampas,
el proyecto urbano requiere ensanchar las calles
para conectar las dos ciudades.
Son muchas las nuevas familias,
y muchos los autos nuevos.
El progreso chileno se refleja
en los tacos de las mañanas
donde los vecinos –como jinetes solitarios–
se suben a sus monturas
de 7 millones.
Destruyeron las animitas,
ya no las mean los perros.
Pero ahora son más los que se lanzan
a las faldas de la santa,
y las animitas vuelven
y los perros vuelven
a mearlas.
Recuerdo como si pegara el sol.
Todo olía a duraznos. Las nubes eran blancas.
Las calles anchas junto a mi cara larga:
esa fue mi marca, amiga mía,
creo que escribo el mismo poema
desde entonces.
Recuerdo esos días del colegio
cuando regresaba a la Casa,
cuando doblaba la esquina
y frente a mí estaban las montañas,
como las que salen
en las cajitas de fósforos
que hoy uso
ahora
que el paisaje se me borra,
y armo mi casita,
mi almohada y mis calcetines
con ellas.
Chiste fome
La animitas del parque
comunal,
con sus flores plásticas
y sus mandas escritas
en lápiz bic,
son como
el chiste fome de Rancagua.
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