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Invitación a Oda
Hola,
no te conozco muy bien,
más bien diría casi nada.
Sólo sé que varios poetas han abusado de ti,
y por lo visto,
como ya no te invocan con la frecuencia de antaño,
puedo suponer que te han abandonado
cual botella hecha el náufrago
a la mar del tiempo.
Y que te encuentre quien te encuentre
y que te lea quien te lea.
Qué les importa a ellos,
los marinos-bohemios
que fácilmente pueden enyuntarse con el verso
en una larga noche de copas,
o enamorarse sin tapujos de la prosa,
esa gorda de lengua larga
que hipnotiza palomas
al fragor de las palabras que se entrometen
a la motricidad del viento.
Qué les importa a ellos,
los olvidadizos de recuerdos mudos,
qué les importa a ellos.
Pero a mí sí me importa,
no sé por qué,
pero me importa,
y como no sé si decirte señorita o señora,
te llamare sólo Oda
e intentaré darte unos concejos.
Oda,
si ahora no eres tomada en cuenta,
no llores
ni te enojes.
Mejor respira profundo,
cuenta hasta diez,
sale a caminar hasta cien,
corre hasta mil,
cuenta ovejas u hormigas,
pero no dejes de contar,
de sentirte útil.
Ahora relájate,
piensa en un chiste
o en el enigma de cuántos pares son tres moscas,
pero no lo resuelvas,
no es relevante.
Sólo distráete.
Puedes cerrar los ojos si quieres,
fumarte un verde,
un rojo
o un arcoíris completo.
Sólo sueña y vuela.
Con caballos de espuma,
con despertar bajo el sol sobre la hierba,
sólo sueña y vuela.
Ahora imagina que en vez de ODA eres hada.
Que puedes hacer de las letras tu varita mágica,
lo que quieras con el diccionario,
unirte a la M, por ejemplo, y pasar de oda
a MODA.
Imagina que puedes volver a llenar bocas,
o mejor aún,
unirte a la J,
pero no a la CC,
a la JOTA no más,
a la letra loca.
Y vente conmigo
que me quiero ir contigo.
No tengo menos pretensión que envolverme
en tu vestido roto
luego…
de una larga JODA.
Insomnio
El demonio no me persigue,
yo lo persigo a él.
Lo pienso,
lo invoco,
lo llamo por teléfono a las tres.
... ... ...
A las tres y media está en casa,
en caja-en lata-con filtro-sin él.
A veces conversamos.
Siempre, o casi siempre,
me pregunta si estoy bien.
Justo
minutos antes
de echarse a correr.
Por mi cabeza trasnochada
estáticas estrellas florecen en el techo,
se cruzan,
se besan.
Y las veo mezclarse al alba con la desolación,
con madrugadas repetidas
en los naipes que viven en los túneles de mis venas.
Mis ojos atormentados
se desangran por el suelo.
Riachuelos de inconsciencia
me conducen hasta el lago de las preguntas.
Se piensa y no se hace,
se hace sin pensar.
Escena, acto y función,
la misma vuelta,
el mismo silencio de meses
de años-décadas-siglos,
de vidas pasadas,
eternas.
El show sigue.
No se puede detener,
dicen…
El telón que termina con la humedad
marca las ocho.
Despierta el despertador.
Me tengo que levantar.
Me levanto.
Sin haber soñado,
me levanto;
sin saldos positivos,
me levanto;
con hambre,
me levanto;
con alambres en la frente,
me levanto.
Camino al baño.
Aparece él,
sonriente y ofreciendo otra vez el infinito.
Lo miro,
me mira y grita:
No te olvidaré,
nos vemos a la vuelta.
Cadáver olvido
Hay días en los que quiero estar solo
y la concha de su madre
me parece un gran lugar,
donde todo el mundo
podría gastar su aire,
o hacer lo que quisieran
sin molestar…
ME.
Hay días
que no debiesen ser días ni noches,
porque lo único que sirve es olvidar.
Olvidarme de mí y de los nombres,
olvidarme de mí y de los hombres.
Olvidarme de la rueda que hace girar mi cabeza,
porque otra vez se extingue el vidrio...
y sólo quiero
vomitar.
Invernal viene de invierno
La tarde es
invernal
y viene
cayendo en abril sobre los cuerpos.
Viene cayendo nostálgica,
triste,
desahuciada como el copo de nieve
que se
extingue en el segundo nombre del almanaque,
a la vez que se deprime en el primer acoso de enero.
La tarde es invernal
como el pensamiento de las masas,
tal como el sentimiento
del que no abraza
cuando quiere hacerlo.
Invernal
viene de invierno.
Invierno es
una palabra
que denomina la época cíclica
que marca el ocaso de los reglones sin versos.
Invernal es
invierno,
como la
lluvia o como las hojas que se entregan
a las manos
del sepulturero Sr. Viento.
Invernal
significa
agua-aire-bufanda-hielo.
Invernal
simplemente
viene de
invierno.

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