jueves, 2 de julio de 2015

Gonzalo Olguín Manríquez.

Nunca juego de local. Extranjero.


Códigos

Maldigo la lengua prostituta
que sin pudor se vuelca al ruido

El ruido es mi muerte más prolífera

La palabra que se pronuncia es mi cáncer

Me tiembla la voz con arrogancia
y cada letra rememora la escena
del cuerpo-vidrio resquebrajado
arrojado violentamente al mundo

¡No!

Yo no entiendo la palabra que se pronuncia
no intercepto los tenores del código

Minúsculo transito la aventura vocal

Opaco sobre el lenguaje que estremece el nervio

No entiendo la palabra que se pronuncia
y me espanta el luto en los rostros del silencio


Vacío de tumba 

Qué triste
saber que tan pocos
son los que desafían
a su propia muerte
qué triste
ya que lejos de la memoria
construirán su hábitat
vaciados de tumba por la eternidad

¡Pobres!
bombardean
el frágil cimiento
de su propia existencia
sí ¡pobres!
los que lanzan una cuerda
para sujetarse entre pasado y futuro
¿qué presente pretenden derrumbar?

Qué triste el cuerpo desvanecido
condenado a la opacidad
pero qué conmovedor no obstante
el deseo a toda costa de auto-boicotearse 


Vehículo de enfermos 

Qué grande el mundo
cuando se cierra la boca
cuando la lengua es olvido
y uno sin faro merodea la inmensidad

Qué grande el mundo
cuando los propios precipicios deslucidos
se adentran en la corteza
del magma irregular
          infestado de plagas
     avizorando un puerto frío
                          destemplado
                       lleno de naufragio

Qué grande el mundo
para siquiera pensar en morir

                                      m o r i r

morir como quien contempla
el destino de un cuerpo que cae

Pálida la muerte al caer
aferrada al fondo del último final

una muerte de primer olvido
no de cuerpo tiempo cobardía

una muerte de pájaro volado
sobre la tumba de la palabra

¡Oh vehículo de enfermos!
en tu sangre se teje el destino
de una tripulación funesta
y mi mar tu estela recorre

En el naufragio de la sal oscura
         desde la boca cerrada
Hasta las vísceras del vacío infértil
             mi mar tu estela recorre
     aprisiónate
    en lo hondo
  ante el rostro atónito
           que tropieza desde dentro

inexistente fuera de tu margen

Y así nadie contigo
y así nadie
y caer es volver
y caer 


Tedio 

Ruin
la morada del tiempo
de lóbregas pinturas malditas
sujetas a la fragilidad de sus cuellos

Vi cobardía esparcida en la palabra
oculta en cada ventana
en cada penumbra
y cada rincón

Vomité réplicas de mí mismo
en cada uno de sus compartimientos
viviendo así cientos de vidas finitas
en lo inconcluso del paraíso erial

Mordí el semblante del origen
y sin embargo todo es vano

¡todo es vano!

Historias terribles me secundan
y yo las idolatro

yo las idolatro
y todavía no acontece el minuto

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