jueves, 25 de junio de 2015

Danae Pérez (1988)

A estas alturas, no sé en qué año nací, pero recuerdo después quién quería ser. Aprendí a leer y con eso empecé a escribir, escribí tanto que olvidé lo que quería ser, y cuando me puse grande me deshice de la torre de libretas y cuadernos escritos por ella, por mí, por la fantasía de quien fui. Volví al Santiago donde nací y rayé, rayé los baños públicos que me encontré, todas las paredes de mi casa, y alguna pared ajena también. Escribí hasta en el último rincón de algún techo. Hasta que me asumí, junté todas mis ideas y me reencontré con el papel, me amigué con la computadora y armé escuálidos textos que a veces podemos llamar poesía; y otras veces simplemente expulsión. 


Que no hay pinche que sujete a mi pelo si él quiere andar suelto 

No te compro ni en las promesas
ni en los cuentos
ni en la misa
mucho menos con el juez en el intermedio.

No te compro lo que sueñas
ni lo que imaginas.
No te compro las notas musicales
ni los cantos ajenos.
No te compro porque no eres mío
ni siquiera en los suspiros.

NO TE COMPRO LA LIBERTAD
PORQUE YO TAMPOCO VENDO LA MÍA. 


Me basé en tragedia

me convertí en el impulso menos pensado,
en el orgasmo más rápido,
en el ejercicio más fácil
y me cobijé junto al dolor 

sin pensar en nada.

Sólo quería una sola situación en la vida,
entregada completamente a pedir en vano
y forzarme cada vez que fuese necesario.

Me desahogué arruinándolo todo
para terminar en llantos
con el corazón vacío
con la mente sucia
con el cuerpo cansado. 

Porque he nacido con el drama en la mente,
la locura en los ojos
y la felicidad en el alma,
pero siempre,
siempre se me escapa.


Véndete para que luego tengas que comprarte 

Concilio espejos de plástico
siluetas removidas
mal reflejadas
austeridad perdida.

Orgullosos de mirar mal
cuando a otro no le suena bip
al pasar su tarjeta por la boca
más saqueadora de todas.

Acolchonados en modernos cités
vistos en cada cuadra
y tan altos como la codicia
del brutal que vive en la casa piloto
ese que nos da la mejor oportunidad
para ser un buen servicio
una mano de obra barata
un producto en vitrina.

Deseosos de un viernes cualquiera
a la espera de un término de jornada
dichosos de un fin de semana
en el mall
en el bar
el supermercado
o la cafetería.


210

De Puente Alto venía
cuando por las cosas de la vida
llegó a vivir al centro.

Se fumó unos porritos
que le compró a la Rosita
se fue a tomar unas chelas a Bellavista
y terminó vacilando
unas cuecas
en el Galpón Víctor Jara.

Cuando ya era verano
estaba tomándose un
melón
con
vino
en el parque O’Higgins.

Vendió unas ropitas en el Forestal
y se queó mirando
el espectáculo de los malabaristas
cuando sacó el paragua
para compartir.
Pa variar llegaron los pacos.
Libró corriendo sicociao.

Entre caminata terminó en el Bar de René.
Escuchando rock salió como robot. 
Lo llevó la bicicleta de un compa. 
Durmió en una placita
con un perro amigo.

Ya era otro día
cuando
llamó a los amigazos
que estaban tomando
unos tintitos en el
bandejón central.
Cuando se acabó la última caja
decidió
con
vehemencia
tomarse la 210 pa la casa.

Se adentró en la cromi.
Un viejo
le empezó a contar
que la verdadera culpa
la tenían los milicos
mientras otra mina lloraba
por el pololo que se le fue.
En eso apareció un cabro
que también quería opinar
y compartió unas latas de Báltica.

Se bajó en casa.
Se comió una sopaipa
en el carrito de la esquina
mirando esa hermosa cordillera
                                metida
                            entre tanto
                                  smog.

Tomó la micro de güelta
pa llegar a la Plaza Yungay.
Mientras hacía la fila
pa comprar en Esperanza
llegaron los cabros
con quena, charango y guitarra
hasta que por ahí salió un pisco.
Después ni yo sé qué pasó.

martes, 9 de junio de 2015

Fernanda Meza (4ta selección)

Reseña biográfica + info y poemas anteriores aquí, aquí y aquí.


Memoria

                           Sin temor, liberándose al fin
                           –lo creía con un salto terrible de júbilo y frío –
                           estuvo junto a ella y alargó también las manos, 
                           negándose a pensar

                                                                                          Julio Cortázar

I

Lejana dibujo dos rostros
lejana dibuja dos rostros
tan símiles que dan miedo.

II

El puente me espera cada noche al desdoblarme
el puente se vuelve magnetismo y magma
el puente son miles de Yo que sin sentido eclosionan
el puente nos mira y me miro y la multiplicidad me engulle.

III

El espejo roto muestra cada carne flácida
el espejo no está roto, soy yo.

IV

Escondo a la mujer rota y me encuentro rota y mujer.


Murmullo

I

Acechante el humo recorre agujeros
ontológicos  gritos se retuercen disociando el cuerpo. 

II

Los murmullos resuenan en alta voces
                               (son como mil abejas cruzando espacios).

III

El rojo intenso me tensa la lengua
no sabría hacer explotar los órganos
el veneno me requiere.



Los mapas mentales

                                               En el suelo los espejos
                                                  en trizas se encuentran disonantes
                                       muestran estelas de ciertos cuentos
                                                 que no son sólo cuentos.

Reptando recorren arenas
desiertos articulados cerebralmente
vacíos inciertos que representan escenas
vacíos distantes que se hacen estómago
los jugos gástricos recorren  los cuerpos disolviendo porvenires.

Golpeando galopan turbando los miedos
espera el silencio
cuartos sin ecos
agobiante el soplo que no es aire
                   el soplo etéreo de los mapas
   el soplo que me estruja
   /que se me cuela en cada melodía.

Los campos caleidoscópicamente me envuelven
arrancando raíces me hago tierra
arrancando raíces me hago inerte
arrancando raíces me vuelvo otra
arrancando raíces me las como y vomito 
/fagocitando escarbo
                                                                        nido que me encuentra.


El arma-amanece

El amanecer en tonos lilas
los lilas del cuerpo acompasando ciudades perdidas
maquiavélicas respiraciones
artifician en lugares escatológicos
                  en bullicios artificiosos
se esconden pero los veo
porque sus ojos brillan desde las sombras.

El cuerpo no me sostiene
el cuello se volvió yagas
dedos morados rondan los pensamientos
titubeando tiembla la piel
olisqueando el dolor  que recorre la frente
 / ojos rojos
/ paisaje en rojo.

Turbulentos cráteres sangrantes
definen sonidos que escapan de mi radio
sorpresivamente devoran un hombro
/cartílagos
      /venas
            / chorros a presión
desgarrado dentro de bocas ávidas de ardor
un todo exhibido sobre escenarios con olor a muerte
un todo alumbrado por infinitos focos.

El viento frío me despierta violentamente
entumecida requiero de frascos
el ruido mental carcome los recovecos de aquello que fue carne
                                                                      de aquellos puntos de inflexión
rompo paraderos y no siento nada.


Con péndulo

Las calles no me enseñaron nada
parece que la rapidez me vuelve mala aprendiz
parece que los focos se apagaron al son de mis pasos
parece que las cunetas no me volverán a acurrucar
parece que no entiendo ni de espacios ni de tiempos
parece que debo correr.

Las nueces se desploman brutalmente
                                                                      el ciclo termina, la rama se quiebra.
Vuelan chincoles y torcazas y yo las intento atrapar
                                                   es en vano, no caen en mis manos.

Busco en interminables espinas un dolor conocido
un genocida latir que me mate todos los días
que me infecte de estaciones pasadas y añoranzas:
                        hubo épocas fétidas
odiseas en la historia
                        hubo épocas intensas
diferencias tácitas de ideas
                        hubo épocas muertas
y los cadáveres aún huelen.

martes, 2 de junio de 2015

Álex Bay (4ta selección)


No por no poder tener, sin. Desarraigando la costumbre de sentirnos ahogados. Así volví a nacer, en la posibilidad de entregar todo y ser nadie como todos. Por eso, considero mi trabajo literario como una vía o una herramienta para quien quiera tomarla. Lejos de los aplausos y las condescendencias, volcando los ojos en la fibra que nos quema y nos propone no ser indolentes. Escribo y vivo en perspectivas que buscan romper sobre cómo se debe ser o pensar; comprometo mi escritura con mi acción y en esa fusión la poesía cobra su sentido más profundo: ninguna palabra al completo azar, ¿o asar?

Más sobre Álex Bay aquí, aquí y aquí.


Como piedras pegas

Sin espejos 
tu cara 
se ha ido tornando 
hacia otro tiempo.

1975, dos del golpe 
y de golpe 
los juicios, 
tu cuerpo de niña 
magullado 
entre dolores 
y rosarios. 

Ave María, 
llena eres de desgracia, 
no te mires 
en el espejo; 
puedes encontrarte 
con tu madre. 


Sibila

Tu silueta huele a madejas, 
a corcho húmedo 
por destiempo, 
a silbidos de locuras 
buscando sus pájaros 
en el techo de la casa.

Yo camino lento 
y sin prisa 
quitando alambres 
incrustados en la piel; 
nuestra terrible cruzada 
de amar y odiar 
a un mismo pulso.

Desde esta noche el ruido de la ciudad 
me recordará la partida 
donde se deshacen 
las uñas como sal 
en terquedades y sus vestigios, 
en miles de luminarias 
que repiten rituales 
de hojas atacadas 
por el sol, 
simulando el bienestar 
de un lado de la periferia 
hasta el otro.


Hojas de otoño 

Mi panita le pide descanso a la vid, 
a los cereales efervescentes 
a las medallas de gloria 
a las costras labiales, 
le pide
parece que banderita blanca.

Hojas de otoño:  
Marca de vino 
blanco puro y cristalino, 
te bebes un sorbo 
te pones amarillo 
y te caes.   

Sed o no sed… 
porque la sed 
me deja con sed 
¡y no puedo, sed! 
sed como quisieda sed.