martes, 26 de noviembre de 2013

Alex Bay (1988)

Nacido en pleno año en que el plebiscito marcaría el devenir de estas tierras, al instaurar la democracia de los acuerdos y su estrategia de encubrir el capitalismo bajo una bonita fachada, que se ha ido desnudando como las casas chubi en Peñalolén. Viví mi infancia en Chiloé, y tal vez el viento del sur me entregó la calma y humildad para mirar la realidad con el equilibrio necesario, a la hora de dispararle palabras punzantes a quienes nos siguen pegando fuerte. Este ejercicio de hacer de la poesía no sólo una descripción de emocionalidad o desentrañamiento de nuestro interior, sino que también una herramienta, un arma que permita expresar el malestar de nuestros tiempos y contribuir también en el cuestionamiento profundo de las contradicciones y miserias que vemos a diario en este sistema. Es para mí una tarea que no puede desligarse del rol que cumplen el arte y la poesía, en particular en el terreno sociocultural de cualquier parte del mundo. 


Violencia  

Se da vuelta el plato 
se rompe un huevo 
se llega tarde 
se golpea el niño 
se quema la olla 
sin agua ahora. 

Toda la tragedia de tu mundo
se condensa 
en las contiendas de barro 
casi bordeando las 23 horas. 

Oh, mujer, 
¿dónde te robaron la alegría 
de mirarte al espejo 
y sentirte querible?


A los testaferros 

Si hay algo
que quiero dejar escrito
a fuerza de testimonio
son los cinco pasos hacia el abismo,
también los espacios no tranzables
en que se martilla
la vida al mejor postor. 
Basta de subastas
con bastardos devastando
nuestra propia identidad
a golpe de puñal romano
jamás esperado
para quien ha obrado de buena fe. 

Cómo no transitar con el beneficio de la duda
bajo el brazo. 

Cómo no sentir impotencia
de la ley y sus huecos funcionales
donde se completa su victoria
multiplicada como parábolas
que esbozan discursos de paz
en medio de una guerra mercenaria.


Pecado 

El puente se derrumba 
como pesadilla en que 
se caen los dientes 
uno por una 
los pétalos de la flor
que deshojan 
sus labios gritando 
de fertilidad 
reflejada en el vino 
de la misa 
esa gran traición 
al comer la hostia 
y consumar falsa comunión. 

                                              (En los pasillos 
                                                                        me escondo) 

Siendo verdugo 
de costumbres rancias
hago de la locura 
la locura de aceptar 
que lo indeseable gobierne
sus cuerpos, sus notas
tensadas por el diapasón
de las vértebras
que apaga el infierno del deseo. 

Vámonos a dar una vuelta 
por la ciudad 
rompiendo filas 
sacándole la lengua 
                                  a los represores. 

Bailemos como gitanos 
hasta rayar 
un juego de gatos 
para que de esta noche 
no quede solamente 
la próxima purgación 
                                   de arrepentimientos.


De las vísceras 

Si todos buscaran la totalidad
en un mundo dispar
te dispararías
en el cráneo al pensar conciliar. 
 
Y es que no puedes creer
que rezando horas y horas
los asesinos en el mundo
los impunes criminales
comprenderán errores
pues el globo se sigue jugando
aquí y ahora. 

Y créeme, qué resignación
más amarga
buscar un paraíso fuera de esta vida. 

No todo es tan terrible después de todo,
aún se puede contemplar
la humedad en una tarde de lluvia
poder jalar hondo un sorbo de vida,
!sonreír!
sentir un paraíso terrenal
en la sencillez
que
    se
       de
          rrum
                 ba
cuando
se inundan las casas:
pues el oro también se derrite
cuando hierve la miseria. 

No puedo quedarme quieto, hermano
no me acomoda la idea
de buscar la paz en todas las cosas
las casas,
hay algo en ello
que te conduce irreductiblemente
a la adaptación
al enfrentamiento pasivo
con las migajas de lo posible. 

Yo quiero que podamos
comer pan,
algo tan sencillo
tan cotidiano
y tan ausente de respuestas;
los techos se llueven
en invierno, hermano
la muerte sube como la levadura
y lo más fácil
es quedarse quieto
quizás qué fortunas harán milagros.


Un beso por las viudas  

Bagdad, 14 de diciembre, 2008

Golpeando el suelo 
el zapato se relega 
a su condición naturalizada. 

Antes de eso, 
su trayecto para ser zapato 
cruzó el respiro del hombre 
atrapado en un proceso ajeno; 
los relojes marcaron
la pauta del tiempo:
                                                              La medianoche 
                                                              de los zapatos usados 
                                                              dio a luz 
                                                              un secreto ocultado 
                                                              desde temprano. 

Y no se derritieron los relojes 
en Medio Oriente 
cuando un zapato 
viajó de Irak a Irak 
hacia el mundo. 

Tampoco dejó al descubierto 
su misión forzada 
en un juego de ajedrez 
entre opuestos. 

                                              Pero logró salirse del pie
Quedó su fotografía clavada 
en la humanidad 
sacada de la fantasmagoría 
de quien talló 
para hacer camino/lanzar un insulto
a la cara de Bush 
y romper el en tablas de la partida. 

*Referencia a Al pie desde su niño, de Pablo Neruda

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